Vicente Concha Zúñiga: El Empresario Violador de menores.

Nombre : Vicente Concha Zuñiga
Edad : 57 años
Profesión : Pedófilo y en los ratos libres Administrador de Empresas.
Ultima Ubicación : Barranquilla - Colombia.

La sociedad barranquillera, colombia, está conmovida con la historia que ha contado Betzy Martínez, madre de una joven de 24 años que cuando era niña fue violada por el empresario Vicente Concha Zúñiga,hoy de 58 años.


El impacto fue doble no sólo por la revelación de la historia, sino porque la señora Martínez acusó a la esposa de Concha, Marta Lucía Fernández de Castro, una reconocida oftalmóloga de la ciudad, de ser cómplice del agresor.

Concha, hasta ahora un reputado y exitoso administrador de empresas, fue presidente de la Asociación de Egresados de la Universidad del Norte, estuvo vinculado a la Organización Radial Olímpica y fue asesor de prensa de la Sociedad Oftalmológica del Caribe.

Y lo más grave del caso es que hoy es señalado de haber violado también a otros menores en los últimos años.  

Antes de decidir hacer pública su tragedia, la señora Martínez acudió el pasado 11 de diciembre de 2007 a la Fiscalía 38 de la Unidad de Vida de Barranquilla para denunciar a Concha. Tenía en su mano un acta de compromiso que él había firmado cuatro días antes que lo obligaba a no acercarse nunca más a su hija ni en público ni en privado. 

Pero además, y para asegurarse de que se haría justicia, aportó una grabación de una reunión en la que logró que el agresor admitiera frente a su víctima el mal que le había causado. Fue otra prueba para el expediente que abrió la Fiscalía por "acceso carnal violento en menores de edad". 

CAMBIO tuvo acceso a la grabación en la que con una voz que se quiebra por momentos, el empresario Vicente Concha hace un mea culpa y se declara dispuesto a someterse al castigo humano y divino.

Tras el escándalo se desencadenó una ola de rumores sobre el paradero de Concha Zúñiga. Sin embargo, el empresario se presentó en la Fiscalía de Barranquilla el jueves en la noche, donde fue sometido a un extenso interrogatorio. 

Concha continuaba explicando su conducta. Como es de esperarse ahora viene una batalla jurídica entre las dos partes. La defensa del inculpado intentará probar que Concha abusó de varios menores, pero con edades superiores a 14 años.

Si la Fiscalía acepta este argumento, el inculpado recibiría una pena más corta. No obstante, esto es poco probable por el peso de las pruebas que existen en su contra.

Este hombre se entregó, confesó y estuvo detenido, pero no pagó un solo día de condena de cárcel y sigue por ahí, libre, como cualquier ciudadano.

En la comisión de estos delitos el violador tuvo cómplices. Adultos que sabían lo que estaba pasando y callaron. Esta complicidad TAMBIÉN debe ser castigada y la cadena perpetua ayudaría a que los cómplices de estos aberrantes delitos se vean obligados a denunciar para no ir a la cárcel.

(Abusada sexualmente por él desde que tenía 5 años hasta los 17)
Transcribo el testimonio de esta sobrina, que hasta los 25 años se animó a denunciar a su tío. Este relato es conmovedor y refleja claramente el daño que estos actos producen en los niños y sus secuelas ya siendo adultos. Como hubo confesión por parte del violador y es la víctima la que está contando su historia, cito el texto tal y como aparece publicado.

“Sobreviví

Cuando ya todos me olvidaron, conmemoro el día que rompí mi silencio y decidí sobrevivir. Mi nombre es Natalia Valiente Martínez y fui víctima de abuso sexual infantil.

Abro mi corazón y muestro mi rostro como símbolo de liberación, como un homenaje a todos aquellos que siguen amarrados al miedo, al dolor y al silencio, hablo por aquellos que aún no se han dado cuenta de que la vergüenza y la culpa son propiedad exclusiva del victimario.

Abro mi corazón y muestro mi rostro porque entendí que hay verdades que no me pertenecen. Muchas veces me preguntaron por qué callé tanto tiempo, pero solo los que hemos vivido el abuso podemos entender el horror de enfrentarse a un estímulo negativo repetitivo y el caer en una 'desesperanza aprendida' donde solo queda espacio para la angustia y el miedo y a que se haga realidad la amenaza de que 'nadie te va creer'.


El abuso

Tenía cinco años cuando empezó mi tormento. Aún me despierto aterrorizada en las noches; por un momento se me olvida que ya estoy a salvo. Vicente Concha Zúñiga no me dio oportunidad de escoger, no me dio la oportunidad de protegerme, me arrebató en un segundo la inocencia, la alegría y las ganas de vivir.

Cuando estaba sucediendo el abuso sentía como si me saliera de mí, como si mi espíritu se fuera a volar en ese momento y quedara allí solo mi cuerpo de niña maltratado.

Pero Vicente Concha Zúñiga no solo había maltratado mi cuerpo, me había 'disparado al alma' y de un disparo al alma es muy difícil sobrevivir.

Pasé noches enteras rogándole a Dios que me llevara con Él para no tener que ser yo quien acabara con mi vida; la fantasía de morir me perseguía, me despertaba en las mañanas y seguía viva. No me suicidé, pensando en mis hermanos y en mi mamá.

Una cosa era que yo amaneciera muerta por voluntad de Dios y otra que yo acabara con mi vida para que mis hermanos tuvieran que vivir con eso; yo no quería causarles ningún daño.

Tuve un intento de suicidio en la adolescencia, después de un paseo en familia en el cual fui constantemente abusada. Ingerí dos cajas de pastillas, pero al ver lo que había hecho, me induje el vómito. Soñaba con que alguien iba a llegar a salvarme de todo este martirio, pero nadie llegaba, nadie se daba cuenta.

Rompí con la familia de mi papá para evitar al abusador y protegerme. Pero mantener distancia física no fue suficiente, el recuerdo de mi verdugo me perseguía y no me dejaba vivir.

Nunca pude amar mi cuerpo, me estorbaba. Hoy entiendo mi sobrepeso. Siempre evité ser normal, busqué la manera de no ser atractiva para no sufrir más abusos y, aún hoy, cada vez que estoy angustiada me atraganto de comida tratando de llenar mis vacíos emocionales, consecuencia de años de amenazas constantes y de sentirme muerta en vida.

José Francisco Castillo, mi abogado, me dijo que contar fue mi "grito de independencia", último paso para la recuperación de mí misma, pero el más difícil de todos.

Hoy sé que hay personas que nunca cuentan y adultos que siguen siendo niños abusados eternamente, por el miedo a enfrentarse a la segunda y más profunda revictimización: que pongan en duda sus palabras o les pidan callar por lo que pueda pensar la gente, como si por el hecho de no saberse no existiera y pudiéramos borrar lo que pasó.

Cuando estaba en noveno semestre de psicología y empezamos a estudiar todos los casos clínicos de abuso, entendí muchas de mis dificultades y caí en una depresión profunda una vez más: en ese momento decido hablar con mi mamá.

El dolor es indescriptible. No era la única, el abuso sexual infantil es una 'epidemia oculta', el abusador no para, no tiene cura y no siente remordimiento.

Mi mamá me abraza y me protege. Decide enfrentar a mis victimarios, busca apoyo emocional, se prepara. Me dice que la vergüenza, el miedo y el estigma les pertenecen solo a ellos; estoy tan asustada que no lo entiendo.

Me dice que va a respetar mi tiempo, me escribe correos, que no le puedo pedir silencio porque el silencio es cómplice, que cuando él vuelva a abusar de un niño ella estaría con su silencio abusando con él, que tiene una responsabilidad con la sociedad en que vive, que cómo vuelve a mirar a la cara a sus amigos si no les cuenta para protegerlos, que nadie se lo va a perdonar.

La escucho, pero estoy paralizada, tengo miedo, recuerdo las amenazas, estoy confundida, no sé qué hacer. Pide una reunión con mi abusador y con su esposa. Jimmy, mi padrastro, le mete una grabadora en la cartera. Ella le dice que para qué. Él le contesta que uno nunca sabe lo que pueden decir.

Van a la reunión con mi papá. Mira a mi agresor y le dice: "Estoy aquí porque sé lo que le hiciste a mi hija". Vicente Concha confiesa. Mi papá mira a su prima, María Lucía Fernández de Castro, y le pregunta: "Tutti, ¿tú sabías?", ella dice: "Sí". Mi papá se desmorona.

Mis abusadores piden perdón. Mi mamá me hace escuchar la grabación, me dice que es bueno para mí, pero en ese momento se me revuelve el dolor. ¿Y por qué tiene que ser verdad? ¿Por qué simplemente no me lo imaginé todo y estoy loca?

Prefería haber estado loca y que cada recuerdo solo fuera producto de mi imaginación. Por recomendación de la psicóloga, en búsqueda de mi reparación mi mamá exige un perdón público ante la familia y un acuerdo privado de restricción, además de la lista de los niños abusados de la familia.

Me preparo para enfrentar a mi victimario. Llega el día. Me muerdo los labios hasta reventarlos; tiemblo de pies a cabeza, lo escucho pedir perdón, no puedo creer su imperturbabilidad y su indiferencia. Pienso en mi 'infancia rota', en todas las cosas que perdí en mi adolescencia. Mi mamá me dice: "Míralo, ya no tiene poder sobre ti".

Él nos dice que no se va a defender, que el único culpable es él; que si acudimos a la Fiscalía, no se va a defender. Que tengo derecho a hacer con él lo que quiera, penalmente, humanamente, que se merece el castigo. Hoy estoy convencida de que mi abusador y su esposa, en esa reunión estaban seguros de que todavía me podían manipular.

Nunca se imaginaron que yo ya estaba liberada, que sí iba a denunciarlos. Tras mi denuncia, buscó abogado y se defendió. El arrepentimiento le alcanzó hasta el momento de la indagatoria. Mi mamá le pidió autorización a Vicente Concha Zúñiga para grabar cada palabra; yo tengo las pruebas.

Cuando Vicente Concha y su abogado posteriormente alegaron prescripción, como única defensa posible, yo tuve la tranquilidad de sentir que, prescrito o no, sucedió y yo tenía su confesión. Pienso en las víctimas de este país. Lloro por todos aquellos que se deben enfrentar a la justicia solo con su palabra.


La ley

La ley es la ley y respetarla es nuestro deber. Nuestros jueces y nuestros fiscales solo pueden fallar en derecho, pero enfrentarme al sistema judicial fue mi más profunda frustración.

Yo pensaba que tener una confesión explícita grabada, otra firmada y tener por testigos a todos los miembros de la familia, eran motivos suficientes para dejar a mi agresor permanentemente en la cárcel. Me tropecé de pronto con una ley imperfecta, ni cercanamente ajustada al rigor que debía tener.

Mientras en otros países no aplica la prescripción para estos delitos porque entienden que el que cuenta es el adulto, la cadena perpetua existe; a los hombres con este trastorno, después de cumplir su condena no les permiten vivir cerca de colegios o guarderías y les hacen seguimiento estricto informando su delito a la comunidad.

Siento que en Colombia campea la impunidad. Hoy mi agresor es cristiano, miembro de la Iglesia Cristiana del Centro Bíblico Internacional. Él afirma que Dios ya lo perdonó. Su situación jurídica está en suspenso mientras la honorable fiscalía delegada ante el Tribunal de la ciudad de Barranquilla desata el recurso de apelación que se interpuso desde junio de 2007.


Mi familia

Mi mamá es el motor de mi vida. Hoy le doy gracias por haberme sacado de ese hueco oscuro en el cual estuve metida por muchos años; desde el momento en que se enteró fue la cara de todas las ideas y las cosas que yo hubiera querido hacer o decir.

Cuando habló ante los medios y dijo que mostrar el rostro de un abusador era un acto de responsabilidad social ineludible, que el nombre de las víctimas no era el importante, solo el nombre del victimario, fueron los primeros momentos en que empecé a sentir que lo que me había sucedido no era mi culpa, que yo no me lo había buscado y desgraciadamente yo había sido una víctima más en el camino de Vicente Concha Zúñiga.

El único responsable era él. Mucha gente dijo que ella me influenciaba a mí, pero lo que no saben es que yo soy la gran influenciadora en la vida de ella. Mi papá, cuánto dolor e impotencia en sus ojos, cuantos gritos ahogados, lleva en sus hombros mi dolor, su dolor, el de su familia.

Nada para él volvió a ser igual, las pérdidas son muy grandes. Papá-amigo, desde su intimidad me apoya, me abraza y me impulsa a que sea feliz.

Mi prima María Lucía Fernández de Castro, inconformidad de inconformidades, la mujer, la madre, mi sangre, símbolo del silencio cómplice, de los que tienen en sus manos el poder de sanar y no lo utilizan, de los que prefieren inexplicablemente ocultar, no liberar, de los que no ven que cuando encubrimos a un pedófilo estamos consintiendo y patrocinando el abuso.

Cinco años de silencio, cinco años. Mi mensaje Denunciar valió la pena. El silencio sólo consigue que se perpetúen la infamia y el dolor de víctimas inocentes y al único que protege es al delincuente. La gran victoria es haberlo roto. Tenemos la obligación de denunciar y debemos seguir atreviéndonos.

Denunciar valió la pena si conseguí 'mostrar el rostro' sólo de uno, porque ese ya no va poder hacer más daño. Valió la pena en la medida que hicimos conciencia de que las preguntas no son ¿Cuántas veces fue? ¿Dónde fue? O ¿Cuántos años tenías? Las preguntas importantes van relacionadas con: ¿Cómo te sientes? Y ¿Qué vamos a hacer para que no se repita? Necesito decirles a las víctimas que la reparación no está en la condena, en un fallo judicial, la reparación la hace la sociedad cuando se une para protegerse y repudiar estos hechos.

El camino se abre ante mí. Mi sonrisa, mis sueños y mi alegría los pongo al servicio de la vida. El camino se abre ante mí, porque yo vengo abriendo caminos.



FUENTES NOTICIA: CAMBIO , CARACOL RADIO, CONTROVERSIA, SEMANA, FISCALIA
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2 comentarios:

  1. Buenas. quisiera guardar reserva de mi persona, soy mayor de 40. pero es importante denunciar que entró a "catolicossolteros" pag web. Alli lo conoci y me enamoro, luego me pidió que me mostrara desnuda, el se mostró sin camisa
    pensé que tenia interes en mi hasta que note algo raro en su comportamiento. Ahora he avisado a esta pagina web catolica, pues debe haberme filmado sin saber lo que acabo de leer sobre él al poner su nombre en google.
    gracias

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  2. Gracias por su colaboracion.
    Un Saludo

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